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CANDIDA ALBICANS

Los hongos unicelulares microscópicos están presentes por todas partes en nuestro entorno desde el fondo de los océanos hasta en lo mas alto de las montañas del Himalaya. La mayoría son inofensivos, incluso útiles para el hombre, algunos viven  de forma comensal en la superficie del cuerpo humano o sobre sus mucosas (Stevens et Lowe, 2000).

En la actualidad hay descritas 35 especies diferentes de Cándida.
La Cándida albicans es la especie de levadura (hongo unicelular) más importante y mas conocida del genero

Estas levaduras son saprofitas de la piel y de las mucosas. En determinadas circunstancias, se vuelven patógenas y dan lugar a infecciones fúngicas en nuestro organismo.

En un ecosistema intestinal normal, la cándida albicans, en forma de levadura, es útil para el hombre porque permite metabolizar los últimos desechos de nuestra digestión, a nivel del colon.

Cuando hay un desequilibrio de la flora intestinal (disbiosis), se observa una disminución de las principales cepas de la flora probiótica dominante: bifidobacterias y lactobacilos. En estos casos, la cándida albicans se desarrolla y modifica morfológicamente, emitiendo hifas.

En esta forma hifal, denominada miceliana, la cándida se vuelve patógena, y puede causar infecciones en las mucosas del intestino, esófago, boca, genitales y las partes húmedas de la piel (Odds, 1988), incluso afectaciones sistémicas si los agentes patógenos se diseminan por el torrente sanguíneo (Stevens et Lowe 2000, Calderone et Fonzi 2001). 

La candidiasis en el aparato digestivo es difícil de diagnosticar, se desarrolla en silencio durante años, produciendo síntomas clínicos banales.
Puede aparecer fatiga, cefaleas, distensión abdominal, diarreas y/o estreñimiento, acidez,  dolores musculoarticulares, molestias vaginales (picores o irritación), retención de líquidos. Es muy habitual en estos pacientes, que refieren  deseo (con un componente de ansiedad) por comer hidratos de carbono (azúcares, pasta, pan, etc).

Si no es diagnosticada y tratada a tiempo, la cándida progresará y tapizará, poco a poco, la mucosa intestinal bajo su forma de micelio, provocando una agravación de la disbiosis intestinal. Pueden aparecer señales de deficiencia inmunitaria, si se llega a producir un síndrome de alteración de permeabilidad de la membrana intestinal: leaky gut syndrome.
 
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